miércoles, 17 de diciembre de 2014

9. Observatorio 1. Huelga a la japonesa.

En Japón, la religión hace que se considere el trabajo como una fuente de autorealización personal, lo que hace que algunas empresas tengan que obligar a sus trabajadores a tomar vacaciones. Por eso, las políticas que exigen más trabajo a sus ciudadanos tienen mucho éxito. Y quizá eso también fue lo que hizo surgir el mito de la "Huelga a la Japonesa" (mito, que, curiosamente, solo existe en España y Sudamérica), según el cual, los trabajadores japoneses, cuando quieren hacer una faena a sus empresas, trabajan más de la cuenta, para inundar el mercado de productos y así que bajen los precios (desplazamiento de la oferta hacia la derecha). 

Pues algunos se lo han creído, por ejemplo estos trabajadores de la UNED, que decidieron el año pasado hacer una huelga a la japonesa para protestar por los recortes en educación.


Otro concepto relacionado es la "Huelga de celo", que consiste en realizar el trabajo de forma excesivamente escrupulosa: el cumplimiento estricto de la normativa laboral, de salud e higiene y con rigurosa aplicación de las disposiciones de los convenios laborales, causando una paralización de la actividad empresarial. El efecto de ralentización productiva se produce al llevar al extremo la interpretación, en algunos casos literal, de las normas jurídicas que regulan la actividad, provocando retrasos y tiempos muertos en el proceso productivo, con una caída de la productividad... lo cual presupone que muchas veces no se hace así...

En otros casos se hace para perjudicar a los clientes y que así protesten contra la empresa. ¿Un ejemplo? a principios de este año  La policía de Leganés se dedicó a denunciar coches estacionados en lugares donde antes eran permisivos, como calles estrechas y de poco tráfico en las que los vecinos aparcan delante de su puerta. Según el alcalde, es una medida de protesta para reivindicar un aumento salarial, aunque según la oposición seguirían órdenes del propio alcalde para recaudar fondos para poder cumplir el plan económico y financiero. Aunque en este caso el perjuicio para la empresa no es una disminución de la producción, sino las protestas de los ciudadanos.

Esta opción tiene la ventaja que, como los trabajadores no dejan de acudir a su puesto de trabajo, tampoco dejan de percibir el sueldo, aunque el perjuicio para la empresa es el mismo.

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